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lunes, 22 de abril de 2019

Las banderas son trapos (generalmente sucios). Todas las banderas son trapos... trapos que separan, que buscan crear identidad a costa de diferenciarse de la persona del otro lado de la frontera que se marca. Partiendo de esa base, la bandera de España me produce especial urticaria por una cuestión bastante sencilla de entender: no es la bandera legítima y tiene una carga política innegable. Quien no quiera o no pueda verlo, será que no tiene ni idea de Historia o que no quiere saber... Esa bandera se impuso y ahí se quedó. 
Yo no necesito trapos que me representen, eso lo tengo claro. Pero si se empeñan en que una tela simbolice este país (y yo me pregunto... "¿Qué es este país?"), podrían empezar a pensar que tal vez es una buena idea escoger otros colores y empezar de cero. La bandera de la República (esa República legítimamente formada y constituida que tantas cosas hizo regulero o directamente mal) tiene también una carga y unas connotaciones que muchas personas (con la mente corta y obtusa) no quieren asumir. Pues ala, ala, otro trapillo y a volar.

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