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viernes, 8 de diciembre de 2017

Gentrificación

¿A quién podría no gustarle un barrio lleno de gente guapa y moderna, rebosante de vida cultural y social, que huele bien y donde te sientes súper segura? Bares de diseño, gin-tonics everywhere...y todo esto donde antes había un barrio abandonado y gris en el que abundaban la droga y la prostitución...(modo ironía off).
El proceso por el que los barrios degradados de los centros de las ciudades “se revitalizan”, para quien aún no lo sepa, se llama gentrificación. Este palabro viene del inglés “gentry”, que significa algo así como alta burguesía, aristocracia, gente bien...Esto quiere decir que se trata de un proceso que supone el aburguesamiento o la elitización de una zona de la ciudad.
¿Dónde está el problema? La realidad es que este súperprocesomolón supone el desplazamiento de las antiguas vecinas por peñita con más pasta, es decir, a la mierda las ciudadanas humildes, las ancianas y las inmigrantes, que se ven expulsadas del barrio por la revalorización de los alquileres de los pisos (o sea, que te clavan por vivir en un cuchitril). Allá llegan dispuestxs a pagar lo que haga falta todxs esxs jóvenes de clase media/alta, que generalmente trabajan en cosas súperguays y están súper interesadxs en todo lo que tenga que ver con la cultura. Por supuesto, la seguridad en el barrio aumenta (todo lleno de maderos y videocámaras) y tienden a desaparecer los yonquis y las prostitutas. Estamos hablando de barrios temáticos sin servicios para las vecinas. Los comercios tradicionales se convierten en sitios mazo molones donde una caña vale dos euros y medio y las pescaderías de pronto son restaurantes chic.
Como comprenderéis, a nadie le gustan los barrios degradados, abandonados, sucios e inseguros, pero hay otra forma de hacer las cosas, más acorde con las necesidades de las vecinas y menos enfocada al comercio y al turismo.

Digamos que está muy bien mejorar la ciudad, claro, quién podría dudarlo, pero el problema surge cuando se hace buscando unos intereses que no son los de las ciudadanas.

sábado, 14 de octubre de 2017

Una de ecologismo

Hoy vengo con una reflexión del tipo de la de si los papeles con mocos se pueden reciclar. Supongo que esto va de obsesión con el reciclaje.
¿Quién no tiene en casa o podría tener (si se dedicara a guardar) varias tapas de cepillos de dientes, dosificadores de jabón para la lavadora o "instrucciones" de condones y/o tampones?
Mi propuesta es sencilla:
Señoras y señores fabricantes, pongan dos precios diferentes a las cajas según contengan o no estas cosas que acumulamos sin parar o tiramos sin conciencia.
Si alguien ha echado un vistazo alguna vez al súper papel que viene en las cajas de condones o de tampones...habrá sido, como mucho, la primera vez que compró (o robó o adquirió del modo que fuera) una de ellas. Dudo mucho que hayas vuelto a desplegar ese papel infinito que acaba en el contenedor azul en el mejor de los casos y en la basura normal en más ocasiones de las que quiero creer...
Lo mismo digo de cada tapa de cepillo de dientes o cada dosificador de jabón para la lavadora.  Hay miles de ejemplos de este tipo.
Que nos den la opción de comprar el producto sin estas cosas inservibles o reutilizables, por favor.
Yo personalmente estoy dispuesta a pagar lo mismo. Mi conciencia ecológica vale más que el dinero (eh, que digo yo que hablamos de centimillos, no vayáis a pensar que manejo cantidades importantes). Pero seguramente un precio menor haría que mucha gente se decantara por la opción que, a la larga, supone menos residuos.
Ya dejo para otro día la reflexión sobre la (no) necesidad de los miles de envoltorios de plástico que le ponen a todo. Bolsas dentro de bolsas sin parar.
Quiero llorar.
El planeta se va a la mierda y mientras la gente sigue mezclando la basura. ¿De verdad os la chufla tanto?
Sé que las medidas importantes no están en nuestras manos, pero podemos contribuir...
Conciencia.

viernes, 25 de agosto de 2017

Sois lo mejor de lo mejor, la chispa de la vida, la rúcula en la ensalada, el helado de limón con el de chocolate, el brócoli recién cocido y durito, los subrayadores de colores a la hora de estudiar, el olor a gasolina, madrugar cuando brilla el sol, las tardes de primavera, la cerveza recién tirada, las últimas palomitas medio cerradas, la ilusión y la magia...
Os quiero muchísimo.
Estar con vosotras siempre es maravilloso y me llenáis de energía. 
Saber que estáis ahí siempre e incondicionalmente, acompañándome y queriéndome, respetándome y escuchándome sin juicio...es lo mejor que un ser humano puede desear.
Gracias, gracias, GRACIAS 
OS AMORO                        

(17/8/2017)

martes, 18 de julio de 2017

La vida necesita de la palabra

A veces te abandonas sin querer y dejas que el tiempo pase sin pensarlo demasiado. O quizá el problema es el contrario: lo piensas todo demasiado. También puede ser que no haya problemas (qué manía tenemos los seres humanos con buscarlos). De todos modos, esa búsqueda del punto medio, del término medio, no va contigo. No sabes. Tal vez no pasa nada. Vives con intensidad.
En ocasiones te fijas más y mejor en los pormenores que en las cosas importantes y de pronto te observas rememorando la tapicería de aquel coche (¿cuántos años han pasado? ¿veinte? ¿veinticinco?), los diseños de azulejos, cortinas o baldosas, las esquinas de las habitaciones o los detalles de rostros pasados.
La vida se mide en sueños (cumplidos o no), en escritos, lecturas y charlas. La vida necesita de la palabra en todas sus variantes. ¿Qué sentido tiene si no? Y cuando de pronto estás un tiempo sin hacer lo que te llena, para fuera en vez de para dentro, algo suena mal, chirría.
Un alto nivel de exigencia no es cosa buena si te hace sufrir, pero está bien que vayas aprendiendo a controlarlo, a colocarlo y a permitírtelo. Lo más importante no es ser feliz sino intentarlo. No siempre o no todo el rato vas a poder ser feliz. No. Pero tienes que seguir en la senda que te lleva hacia el objetivo. Eso siempre. Siempre debes luchar por ser quien eres o quien quieres ser.
Te pasas la vida apuntando ideas. Usas las hojas que pillas por cualquier lado, los marcapáginas (sobre los que escribes), el móvil y, más veces de las que debieras, la mente que luego es memoria o desmemoria (ay de todas las ideas que se quedaron en algún lugar desconocido). La vida necesita de la palabra en todas sus variantes, queda dicho.
Quieres transformar(te) y estás harta de guerra. Te haces de paz cada mañana, cada tarde, cada noche. Pero te cuesta más de lo que te gustaría. No pares.
Quieres que te cuenten una Historia completa y quieres contarla tú. Puedes. Ayuda a reescribir y reescribe. Escribe y reescribe. Pero sobre todo, escribe, vive. Vive sin nostalgia y sin rencor. Sigue viviendo con pasión.
Despoetiza momentos y poetiza otros. Siéntete libre. No sufras (más de la cuenta). Escúchate. Piensa con tranquilidad. Proyecta (con) calma. Respira. Busca tu más profunda percepción de la vida. Pero ríe, canta y baila. Conecta con tu cuerpo, piénsalo y piénsate. Siéntelo. Siéntete.
Gústate. Sigue gustándote.
Mira, escucha, oye, toca y huele. Viaja.

Esto nunca lo habías hecho. Nunca te lo habías hecho. Y tiene buena pinta. Sigue. 

sábado, 15 de octubre de 2016

Una polémica estúpida

A raíz de la polémica que se ha desatado porque hayan dado el Nobel de Literatura a Bob Dylan y porque estoy un poquito hasta el coño de leer y escuchar estupideces, he decidido exponer mis reflexiones por puntos para que nadie se pierda. Nótese que la primera es la más importante. A partir de ahí, los números son arbitrarios.
1. Si queréis indignaros, enfadaros o blasfemar a propósito de los premios Nobel (por cierto, cualquiera diría que ganáis algo con ellos), hacedlo porque ninguno lleva nombre de mujer. NINGUNO. Este año la Academia no ha galardonado a ninguna mujer. Y en toda su mierda de historia, sólo 49 mujeres han recibido el premio frente a 833 hombres. Ahí lo dejo.
2. No le han dado el premio a un cantante, a un músico y menos a un músico pop, ñoño o cursi. Se lo han dado a un poeta, a un tipo que escribe maravillosamente bien y del que la mayoría sólo conocemos sus canciones típicas. Además, me juego el cuello a que quienes están criticándolo, ni siquiera se han molestado en leer sus canciones en inglés (para alabar su calidad literaria si conocen ese idioma) o en traducirlas para saber de qué hablan y cómo lo hacen. Con este premio, no sólo se está reconociendo la valía de Bob Dylan como literato (que no como músico, por más que os empeñéis -sí, podía haber un Nobel de música, pero no, no lo hay-). Si no queréis ver la relación profunda e innegable que hay entre la poesía y la música porque pensáis en Bisbal o en Justin Bieber, pensad entonces, insisto, que el premio se lo han dado por su capacidad como escritor. Se está reconociendo también, decía, la revolución cultural de los 60. Que sí, que estuvo hecha desde Estados Unidos y básicamente por hombres. Pues indignémonos por eso, ¡joder! Creo, básicamente, que no se está conduciendo nada bien la indignación porque se está haciendo por motivos que me parecen equivocados. 
3. Si el premio se lo hubieran dado a alguien cuyo nombre desconociésemos, aquí ni Dios habría abierto la boca. Pero como criticar y enfadarse es gratis y a todo el mundo le suena Bob Dylan, vamos a decir gilipolleces. He llegado a leer reivindicaciones de premios Nobel para músicos que me han hecho reír bastante. 
Yo no estoy diciendo que haya que callarse y que no se deban manifestar opiniones personales, ojo. Faltaría más. Sobra que diga que estoy completamente de acuerdo con la idea de que todo el mundo exprese sus opiniones, pero creo que es importante conocer lo que se va a criticar antes de hablar. Esa es mi opinión.
4. Aunque el premio se lo han dado por su dominio de la palabra, creo que el hecho de que sea un músico honra a esta bella profesión y eso me parece bien. Que sea multimillonario y que se esté riendo de la polémica en su casa ya me jode un poco más. 
5. Que Borges, Kafka, Tolstoi, Cortázar, Proust o Arthur Miller (siempre hombres, siempre hombres) no recibieran el puto premio, no quita derecho a Bob Dylan a recibirlo. 
6. En resumen, trato de decir que indignarse y protestar son la base del cambio que el mundo necesita, pero pienso que habría que tener un poquito más de cuidado al elegir las cosas que nos irritan...A mí, como ya ha quedado claro, me mosquea bastante más que no haya mujeres entre los premios (porque lo que no se nombra, no existe) y que la revolución cultural de los 60 (que no deja de ser una premiada de rebote y que es indiscutiblemente interesante) fuera eminentemente hecha o al menos reivindicada o atribuida (cuántas cosas han pasado a la Historia con nombres de hombres ocultando los de enormes mujeres...) por hombres blancos, heterosexuales y estadounidenses.

lunes, 2 de noviembre de 2015

Tengo canas. Muchas. Y me gustan. Mucho. Me gustan porque son yo, porque simbolizan el paso del tiempo y mis aprendizajes. Me gustan porque forman parte de mí.
A veces me cansa que todos los días alguien tenga que decir algo sobre ellas, pero a la vez tengo que reconocer que me hace gracia. Llaman la atención. Os llaman la atención. Supongo que es normal, porque la gente considera que soy joven para tener tantas. Curiosas categorías esas de "joven" y "viejo". De vez en cuando pienso que el día en que mis canas dejen de llamar la atención, entonces podré saber que ya soy vieja a ojos de la sociedad. Mientras, se supone que no debería tenerlas. O debería taparlas. Eso sí me toca la moral, ¿sabéis? ¿Taparlas? ¿Pero quién se ha creído que es para recomendarme un baño de color, un tinte o cualquier mierda de ese tipo? ¿Verdad que a los hombres no les recomiendan que se tiñan aunque tengan muchas canas? Ay, cómo soy, ya estoy exagerando con que la sociedad da y espera lo mismo de los hombres que de las mujeres...


martes, 11 de agosto de 2015

No puede haber perspectiva sin distancia.