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jueves, 7 de noviembre de 2013

¿Mujeres como las de antes? ¿Qué te pasa, pseudoprogre?
Estoy completamente asqueada con el artículo que Pérez-Reverte se ha permitido publicar como si no pasara nada.
Javier Marías y Pérez-Reverte son, según se trasluce de sus propias palabras, dos imbéciles que se creen modernos, pero que no son más que machistas de los de siempre.
Saliendo del Hotel Palace (no comentaré al respecto), Javier Marías y él deciden cosificar a las mujeres y compararlas con yeguas. Muy propio de quien vive en el siglo XXI y encima va de progre, claro.
Voy a ir pegando frases literales del artículo para que flipéis conmigo si no lo habéis leído ya:
“La noche madrileña (…) nos suministra abundante material para observación y glosa”. ¿Qué queréis que os diga? Creo que habla por sí solo.
“Javier y yo emitimos aullidos a lo Mastroianni propios de nuestro sexo -no de nuestro género, imbéciles- que vuelven superfluo cualquier comentario adicional. Haciendo, por cierto, darse por aludidas, sin fundamento, a unas focas desechos de tienta que pasan junto a nosotros vestidas con pantalón pirata, lorzas al aire y camiseta sudada; creyendo, las infelices, que nuestro «por allí resopla» va con ellas”. Mira, no sabía que Pérez-Reverte y Javier Marías ladraban….Si tenéis alguna duda sobre cómo podéis ser o cómo podéis vestir, sólo tenéis que mandarle un email y él os dirá cómo debemos ser las mujeres.
Encima, aunque este es otro tema, es un pedante. Pedante como él solo. Haciendo alarde de sus cuestionables conocimientos sobre cine, sigue hablando de las mujeres (en este caso interesantes y maravillosas actrices, mujeres que se ganaron su puesto en la Historia del Cine por saber hacer bien su trabajo y no por ser  “tordas”). Y luego, para que os quede claro que él sí es un hombre de los de antes, escribe en latín.
Y sigue, sigue, sigue…Sigue cosificando. Vomitivo. “Javier mira al frente con el radar de adquisición de objetivos haciendo bip-bip-bip”. ¿Estamos de broma? Es que no doy crédito. No entiendo cómo este señor puede soltar esas perlas y quedarse tan a gusto, tan tranquilo, tan como si lo que estuviera diciendo fuera perfectamente legítimo. Se siente orgulloso de sus palabras…
Mirad lo que dice casi al final: “se nos cruza una rubia de buena cara y mejor figura, vestida de negro y con zapatos de tacón, que camina arqueando las piernas, toc, toc, con tan poca gracia que es como para, piadosamente -¿acaso no se mata a los caballos?-, abatirla de un escopetazo”. ¿Soy yo o está haciendo apología del feminicidio?
“Mírala, chaval: belleza, cuerpo perfecto, pero cuando decide ponerse elegante parece una marmota dominguera”.
La rabia me corroe. Me parece repugnante, asqueroso, nauseabundo, repulsivo, desagradable hasta límites insospechados, vomitivo. Me parece que esto no debería quedar impune.

1 comentario:

Jaime_mart dijo...

Es un truño de dimensiones astrales. Me preocupa la relación que transmite este hombre hacia las madres, hermanas, primas y hacia las niñas con babi. Luego las violaciones ocurren en callejones y tal...

Estoy de acuerdo contigo como con todas las feministas a las que he leído sobre el tema porque el texto es exageradamente ofensivo, pero también me queda la duda de si merece la pena hablar de él cuando llega a un punto así. Si no sería mejor relegarle al olvido. Por otro lado las ideas que despierta y alienta en otras personas son una mierda y hay que pararlas. Así que ahí estoy, no sé muy bien si merece la pena contestarle.